Medímetros

Posted by ja-SaNtOs on 20:19
En las llamadas crisis de escritor (que en resumidas cuentas implican no tener ninguna mierda para pasar de la cabeza al teclado) surgen ideas tontas que se disfrazan de un aire de profundidad. Esta es una de ellas y, antes de explicarla, voy a contar la manera simple en que me llegó a la mente. Primero recordé que mi colega, Daniel Afanador, me invitó a escribir para celebrar la entrada número 25 mil de su blog (he aquí el producto de esa invitación).  

Sin nada todavía en mente para atender a mi deber, caí en la cuenta de que 25 mil visitas era un suma considerable ¿cuántas tenía mi blog? 11 mil y ‘pico’, vi en las  estadísticas y pensé que la cifra era vergonzosa. Supe muy fácilmente que tengo una obsesión marcada por la medición de la vida. Pero no es mi obsesión, sino nuestra obsesión, un impulso social que estandariza por escalas todo lo que se puede medir (y también lo que no).

Por eso los hombres nos medimos el pene: 11 y pico no es un buen número, pero 25 sí que lo es. Las mujeres se miden las tetas y el abdomen, buscando un  gran número en las primeras y uno pequeño en el segundo.  Si los números son múltiplos de cinco, mejor: así la gente dirá que bajó diez kilos cuando la báscula marcó 8.5. Diez es número para alguien delgado, pero ¿8.5? ¡Es absurdo! Ese es el dígito de un gordo que se rindió y que pronto va a volver a su peso anterior.

Mido también mi promedio académico (o me lo miden, porque yo no me tomaría la molestia de sumar y dividir). De todas formas ahí está, dejando un mensaje cada semestre: 4.3 (“pudiste haber dado más”); 4.5 (“has tenido un muy buen rendimiento”) 4.9 (“¡Qué!” Todo estudiante se ofende ante calificación tal, es símbolo de negligencia profesoral, o si no de un fracaso, una victoria reprimida; al fin y al cabo no es múltiplo de 5).

¿Qué pasa cuando no hay medida aparente? Surge la incómoda raíz de entrevista trillada: “De uno a diez…”, “de uno cinco…”. Y una mujer en su Facebook, semidesnuda y provocativa pregunta qué nota le darían en una escala de uno a diez. No creo que se mida así la excitación, ni mucho menos el impulsivo deseo de saltar sobre una pantalla, pero si de dar respuesta a la pregunta se trata, no hay que decir “13”, porque a pesar de ser un número superior a la escala, siempre será ofensivo ante los opulentos “100”, “1000”, “10000000 te amo”.

Con los sabores es lo mismo. ¿Qué nota se le pone a una crema de Whiskey, con su hostigante comienzo en la boca, pero su suave y exquisito recuerdo en el paladar? ¿Dos notas estaría bien? 5 al comienzo y 10 al final, promediamos y… ¡Carajo, qué clase de nota es esa!

Las escalas, al igual que esta entrada, no tienen  nada de filosófico ni profundo. Son números que hacen creer que uno es esto o aquello, bueno o malo, mejor o peor. No tienen metas, siempre habrá un pero implícito (incluso en la máxima calificación). Pero estas hacen parte de una obsesión absurda con la que cargo  y cargamos.

Agradezco a Daniel Afanador, y su visitante 25.000, por mostrarme las ansias de comparación y medición  que hay detrás de este y otros números. Pero felicito a su visitante 24.999, porque de nada vale haberme regado en pseudo-reflexiones si no dejo al final esta pequeña ruptura.   

Sinsentido figurado

Posted by ja-SaNtOs on 18:37


Hoy, haciendo gala de mis buenas dotes de entrometido, presté atención a la conversación telefónica de un hombre. Con la voz extenuada él le contaba a su interlocutora la serie de quehaceres que tuvo que ejecutar durante el día y, quejándose de lo difícil que había sido, culminó su historia con una frase que me dejó asombrado:

-Estoy literalmente mamado – dijo como si se tratara de una sentencia de muerte.

Algo malo había en sus palabras y me di cuenta de ello de inmediato. El sentido de la frase y el tono de voz con que la dijo no tenían ninguna relación concordante. ¿Qué clase de hombre puede decir con tanto descontento la expresión “literalmente mamado”? ¿Quién no disfruta librarse del estrés y la carga de un largo día con una buena y literal felación?

Ni siquiera los dientes entrometidos,  ni el soplo espontáneo en medio de una mamada justifican la actitud despótica con que el hombre de esta historia se refirió a ella. Y era tal el énfasis que puso en  sus palabras que me vi obligado a entender que, ni por equivocación, él estaría tan desconsolado habiendo acabado de tener los labios de una mujer (o un hombre ¿por qué no?) en la zona en cuestión.

Sin duda alguna el problema no  estaba (ni nunca lo estará) en la palabra mamado, sino en otra que antecedió la expresión. El hombre pudo haber dicho: “estoy muy mamado”, “re-mamado”, “súper-mamado”, “demasiado mamado”, o “simplemente mamado” y nada habría resultado extraño, pues todos en Colombia sabemos que esa expresión es alusiva a una condición de cansancio extremo. Y aunque una mamada también puede dejarlo a uno cansado, nunca  lo dejará tan aburrido como estaba nuestro hombre.

Como ya sabrán,  lo extraño en esta  frase era la palabra “literal”, que tanto él como otras personas han decidido adaptar a su lenguaje diario para acentuar la carga emocional de las situaciones por las que pasan en su vida.

He escuchado con frecuencia expresiones como “me morí literalmente”, sabiendo que los muertos no pueden hablar, pero confirmando que algunos de los vivos que pueden lo hacen bastante mal.  

Para ilustrar mejor el calibre del error en el uso manoseado de esta palabra no hay nada mejor que acudir a la Real Academia de la Lengua Española  (RAE) que nos da una definición bien clara de lo que significa lo literal: “Conforme a la letra del texto, o al sentido exacto y propio, y no lato ni figurado, de las palabras empleadas en él”.   

La mamada literal a la cual se refería el hombre de la conversación telefónica, era  mejor una mamada en sentido figurado, que como lo explica la RAE, es el “sentido en que se toman las palabras para que denoten idea diversa de la que recta y literalmente significan”.

El uso erróneo de la palabra literal o de la expresión literalmente  ha matado, mamado  y hasta capado a más de uno. Pero lo cierto es que lo literal nunca va a darle (por lo menos no en su sentido exacto) más notoriedad, ni veracidad a los modismos que utilizamos todos a diario.

Por eso es mejor  erradicar el mal uso que le estamos dando al bello y crudo sentido literal. Pues bien nos dice el adagio popular que más vale pájaro en mano (o en boca, figuradamente), que ver un ciento volando (literalmente).

Fútbol para todos a la colombiana

Posted by ja-SaNtOs on 20:08

Seamos francos. Para la División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano,  o Dimayor como la conocemos mejor, la frase fútbol para todos significa fútbol para nadie, o para casi nadie, como lo reflejan los recientes hechos de su actividad económica.

La explicación es simple. Los ‘fantásticos’ directivos de la Dimayor, en cabeza de Ramón Jesurum, tuvieron una idea: cobrarle a las empresas prestadoras del servicio de televisión por cable, por cada uno de sus suscriptores. El precio mensual fijado para cada cliente fue de 1.25 dólares, lo cual resulta una cifra no despreciable, si consideramos que las dos empresas  líderes del mercado (UNE y  TELMEX) tendrían que pagar 200 millones  de dólares para llevar el deporte rey a los hogares colombianos.

Ambas compañías se niegan a dar la astronómica suma. Cosa que no le sucede a Direct TV, que únicamente tuvo que pagar entre 17 y 20 millones de dólares por el mismo servicio. El resultado de esta movida económica es  uno sólo: 3 millones de los 3.8 millones (es decir, más del 70%) de abonados a televisión por cable no podrán ver el Fútbol Profesional Colombiano en sus televisores. ¿Fútbol para todos?, ¿cero exclusividad? Ya juzgarán ustedes.

Lo que me parece curioso no es el cinismo en el argumento de los directivos del balompié colombiano, pues de eso nos enteramos cada vez que Ramón Jesurum o Luis Bedoya salen a defender las decisiones arbitrarias con que manejan las pulsiones más intensas de los aficionados colombianos.

Lo extraño es que el argumento y la frase insignia de esta misión de enriquecimiento enarbolada por la División Mayor, haya sido tomada de un programa de gobierno argentino, que hizo todo lo contrario de lo que pretenden hacer los colombianos ahora.

“Fútbol para todos” fue la respuesta que el gobierno de Cristina Fernández le dio a una situación muy similar a la del fútbol colombiano, cuando la AFA pidió a la empresa TSC 720 millones de pesos argentinos (unos 166 millones de dólares) por los derechos de transmisión  de la liga local. Naturalmente (como hoy hacen UNE y TELMEX) TSC se negó a acceder a la petición económica y declaró que hacer el acuerdo representaba  para ellos  un gasto imposible de cubrir.

En Argentina, donde el fútbol es un tema casi religioso y donde los aficionados son incapaces de soportar los malos manejos administrativos que se le den a ese deporte, el gobierno tuvo que intervenir, pagando una suma inferior a la exigida por la AFA y permitiéndole a cualquier canal (público o privado) la transmisión  de la Primera División,  sin dar ni un solo peso a cambio de ello.

En Colombia, por el contrario, los aficionados no se hacen sentir y el presidente Juan Manuel Santos no se manifiesta al respecto, a pesar de que resta menos de una semana para que comience el rentado local.
Y hay que entender que  nuestro país,  más conflictivo y desigual que Argentina,  no puede darse el lujo de patrocinar semejante cifra  exigida por la Dimayor y difícilmente podrá emprender una campaña como la argentina que le represente una inversión tan alta al Gobierno.

Pero lo que uno espera es que haya menos pasividad al respecto, y mucho menos cinismo,  pues en un tema tan pasional como es el deporte, debe privilegiar el beneficio colectivo y no el de unos pocos suscriptores que tienen acceso a la televisión satelital.  

Que no se olvide la Dimayor que la televisión es un bien público y que el deporte que ellos administran es una de las pocas cosas que congrega a un país tan dividido. A la manzana de la discordia ya le pusieron un precio de 200 millones de dólares y es evidente que ni UNE y TELMEX, ni sus suscriptores están dispuestos a pagarlas.

Así las cosas, es evidente que el “fútbol para todos” de Colombia no es más que una vulgar máscara, y si no es eso es una sugerencia que le hace  Jesurum al presidente Santos para que pague las descaradas exigencias de unos directivos que cada vez decepcionan más a los amantes de la pelota.                                                                                                                                                  

2011

Posted by ja-SaNtOs on 21:02


Se oye una chispa que sube vertiginosamente por el aire y dos explosiones consecutivas que abren la mente. El tiempo de júbilo y alegría dura tan poco como la vida de un volador,  y en el último par de días del año al mundo entero le da por atormentarse con reflexiones de lo que no fue, alegrarse con recuentos de lo logrado e ilusionarse con promesas de lo que… ¿será?

Yo, no ajeno a una cultura que intenta permanentemente elaborar resúmenes de la vida y con una memoria poco prodigiosa, comienzo a creer que hace un año debieron ser pocas mis promesas, nulos mis propósitos e inexistentes mis recriminaciones, pues me encuentro tan carente de medidores que sólo me queda pensar que el último día del diciembre anterior no hubo nada que me llevara a fijarme metas.

Un abdomen cada vez más lejano a los de los infomerciales no parece tan preocupante, siempre que mi meta jamás fue adelgazar. Pocos libros en mi lista serían vergonzosos, si tal vez hubiera hecho un propósito literario. Y algo me dice que si las promesas económicas estuvieran en la lista este sería un año de escazas equis en mis casillas.

Objetarle algo al 2011 sería un acto grosero e insensato, pues  no recuerdo haberle pedido nada, ni tampoco haber hecho un intento. Si no conseguí  lo que quise no es culpa del año, ni de los astros, ni de los santos. Por el aire nunca voló el humo de los papeles quemados  con mis deseos y se me olvidó pedirle a la suerte prosperidad, salud, amor, amistad, inteligencia, éxito, sexo y placer.

Si obtuve alguna de esas cosas, tampoco hubo de ser culpa del 2011, pues debió haber estado muy ocupado escogiendo con el dedo índice (si es que lo tiene) a los bienaventurados que hoy cuentan con  la fortuna de decir que lograron lo que querían.

Como yo no fui uno de ellos (tal vez por casualidad, o porque decidí probar suerte evitando pedirle algo a la suerte) no me sumergí en la esclava rutina de vivir con los medidores que un día determinan la sensación final de un periodo tan corto como un año, pero  tan lleno de experiencias que pueden ser opacadas por una lista de pequeñas o grandes ambiciones.

Quizá la actitud desprevenida me impidió obtener algún logro en estos 365 días. Pero es eso mismo lo que permite que el año me deje  con el recuerdo de las simples cosas que también se fueron y que posiblemente hoy idealizo con nostalgia.

Parecerá extraño alegrarse por el viento pegando contra mi rostro después del estático aire de un trancón. Disfrutar de la lluvia que me cayó sobre el cuerpo sin la preocupación del “desastroso invierno”; tomar una fotografía y dejarla allí, sin la obsesión de tener una mejor; borrar sin angustia un par de párrafos que me mantuvieron sentado por horas; dar un beso largo ignorando el dolor que comienza a aparecer en la mandíbula, escuchar la espuma de las olas rompiendo contra la arena mientras la luna ilumina el mar; cantar sin sentido; recibir un abrazo, un apretón de manos, una felicitación sincera sin la hipocresía de la falsa adulación.

Superar el dolor en el hombro después de una tensión desesperante; gritar,  insultar  a alguien sin las consecuencias del rencor desenfrenado; pasar una prueba sin importar el resultado; reparar el dolor causado; vivir la tentación sin caer en ella. Reír, reír, re- ir.

Parecerá extraño, pero nada más que esto ha valido tanto la pena, sin presiones, sin indicadores, sin forzar la ruta de los días. Simplemente sintiendo la sorpresa de vivir. Eso lo agradezco antes de que todos  se abracen, griten y lloren; antes de que sean las doce y se apague la chispa  del último volador del año.
                                                                        

“A mí me hubiera gustado ser un gallo”: Jhan Giraldo

Posted by ja-SaNtOs on 17:10
Jhan Giraldo Caballero, estudiante de Zootecnia  y gallero desde la infancia, se siente orgulloso de su afición por las peleas de gallos, animales que le despiertan respeto y cariño.


Jhan suelta al gallo estadounidense de linaje Albany  recién llegado a su solar. Lo ve pastar tranquilamente y cruza los brazos, mientras que el plumado da pasos firmes y mueve su cabeza de forma señorial. A  menos de dos metros descansa sujeto de una cuerda el gallo colombiano, que mira firmemente al Albany sin inquietarse.  

El ave norteamericana, de cresta risada y pequeña no se ha  percatado de la cresta grande y puntiaguda que lo espera impasible. Jhan sigue con las manos cruzadas, observando sin inmutarse, porque sabe lo que va a pasar.

De repente, el Albany nota la presencia del colombiano, gira su cuerpo hacia él y comienza a caminar sin afanes. En la arena no hay  gritos humanos, la escena sólo es observada por Jhan y Gustavo Giraldo, su padre, quien le enseñó a ser gallero.

Gustavo lleva más de 50 años con una afición que defiende ‘a pico y espuela’, porque teme que “por ignorancia” sea prohibida. “Esto es una costumbre arraigada en los pueblos  desde la colonia”, dice con seguridad.

Jhan cuenta que su padre, desde muy pequeño, lo llevó a las diferentes arenas que había en la ciudad, cuando las peleas de gallo estaban en su máximo furor. Y  en su memoria resalta el desaparecido Coliseo Bella Julia, un sitio ubicado en la Avenida Guayabal “en el que cabían 500 personas, con silletería muy cómoda”.
 
Hoy en día esos sitios ya no existen en Medellín. La infraestructura de la ciudad y la disminución de la afición por esta práctica hicieron que él y los demás  amantes de las espuelas tuvieran que trasladarse a pueblos como La Ceja. Allí Jhan vive cada quince días lo que anteriormente se podía vivir cualquier día a pocas cuadras de su casa, ubicada en el barrio La América.

A pesar de eso Jhan practica su amor por los gallos todos los días, pues en vez de flores, árboles y materos, su solar está lleno de plumas, picos, jaulas, y unos pequeños columpios en los que prepara  a sus púgiles avícolas para la disputa.

Él los alimenta, los cuida, les da de beber y los mantiene bien atados con una cabuya, porque no quiere que se maten entre ellos antes de venderlos o de usarlos para la pelea.  Pero esta vez es diferente: las patas del Albany están libres, pues Jhan quiere demostrar que ellos son luchadores por genética y no porque alguien estimule su agresividad.

“Uno no les enseña a pelear, eso es información que traen los genes. No se les injuria ni se les hace dar rabia”,  afirma al explicar que, al igual que un deportista, el gallo recibe una preparación física a través de trotes y pequeños vuelos previos al combate.

 Sin embargo, el gallo estadounidense amenaza con hacer quedar mal a su dueño. Titubea en su camino hacia el colombiano, da un pequeño giro y un nuevo picotazo al pasto. Jhan le señala con el dedo, pero él no obedece, mientras que el criollo tira de su cuerda, como anhelando estar libre para avivar la batalla.

En cuestión de segundos el Albany retoma su rumbo. Parece que en tan sólo un día de estancia en el solar ya quiere buscar pelea y camina con paso firme para conseguirla. El gallo colombiano lo espera: mirada fija, cabuya tensa y distancia cada vez menor parece la mezcla de un picoteo inminente.

A menos de medio metro de cercanía ambos gallos abren las alas y extienden las plumas que rodean su pico. El colombiano arrincona al estadounidense y lanza el primer salto, pero el extranjero es más rápido y se sale de los ladrillos que limitan su movimiento.  

En un par de segundos se separan, se ponen pico a pico y comienza un agresivo ballet de ataques errados: los saltos van, vienen y los picos se extienden sin éxito alguno. Pero el colombiano al tratar de escapar de la arremetida de su rival tensiona demasiado la cuerda y cae rápidamente  al suelo.


El Albany se aprovecha de la situación, pues su oponente se encuentra atado y por eso lanza sus garras contra el gallo caído. No obstante, el colombiano se aleja y antes de que comience el nuevo round aparecen las manos de Jhan, que haciendo el papel de juez los separa.

Él, que se declara opositor de las peleas de perros “porque son antinaturales”, afirma que hay mucha ignorancia alrededor de quienes critican su mayor pasión, pues estas aves tienen una condición natural que las lleva a morir peleando.

Y es difícil que algún día Jhan cambie de opinión. Sus raíces son muy arraigadas, porque como afirma su padre “desde que nació escuchó el canto de los gallos”. Quizá por eso la práctica gallera lo llena de un orgullo tal que a veces quisiera ser el ave que deja sus plumas en un vertiginoso combate. 

Lupe superstar

Posted by ja-SaNtOs on 19:36

Es un candidato, pero no un político. Parece más  una estrella famosa, aclamada por el público, querida y odiada; porque así son las estrellas, despiertan las más terribles envidias, pero a la par desatan emociones de admiración y cariño. Es una estrella al igual que muchos otros que aspiran a cargos públicos y sabe que siendo así  es la única forma en que logrará el triunfo, porque  el afecto pone más equis en los tarjetones que los planes de gobierno.

Sabe que como estrella debe darse importancia y conoce muy bien los métodos para hacerlo: arma jornadas en las que la gente uniformada lo sigue por las calles, organiza fiestas donde tiene como teloneros famosos  cantantes  y para remate, edifica la figura de un antagonista que justifique su heroísmo.

Como estrella le dice al público lo que quiere escuchar, para no perder adeptos, porque eso es lo más importante. Es por eso que hoy promete segundos pisos viales, sindecir que en Estados Unidos, Europa y Japón se están demoliendo unasestructuras que no representaron mejoría en la movilidad de las ciudades.

Se vanagloria con la construcción de la doble calzada a  Las Palmas, pero no dice que hace algunosmeses esa vía colapsó por culpa de la mala planeación. Recuerda con orgullo la creación del Banco de los pobres, sin mencionar (claro está) el análisis mundial que se ha hecho en desprestigio del microcrédito. Promete gratuidad, disminución de impuestos, tarifas, no valorización de predios, entre otras cosas, pero no parece muy claro en su plan de gobierno cómo lo va a lograr.

La inseguridad de Medellín, desde su perspectiva, se logrará convirtiendo a la ciudad en un Gran Hermano: cámaras en los semáforos, en los postes de luz e incluso en los uniformes de los policías, brindándole una gran sensación de bienestar a sus adeptos.

Y es claro en su discurso al sugerir que todo lo que sucedió antes y después de él es negativo, pues se muestra como el gran gestor del progreso medellinense y solo con su salida la ciudad dejó de crecer a grandes ritmos.

Debe ser por eso que la gente lo quiere. No importan aquellos insensatos que lo critican y lo llaman ‘Lupe’, pues la transformación vendrá de la mano de los verdaderos ciudadanos de la capital antioqueña.
Esos que salen en sus vallas publicitarias, tratando de tocarlo como si fuera un emisario de Dios, esos que aparecieron en las redes sociales como por arte de magia, esos que registran en las dudosas encuestas donde él repunta con increíble fuerza. Esos, incógnitos pero presentes, porque así son las estrellas: tienen miles de adeptos que siguen con el corazón, pero que nunca salen del anonimato. 

"Esto es una jaula de oro"

Posted by ja-SaNtOs on 16:04

Con tranquilidad, Dubán Vélez recuerda el atentado que pretendía acabar con su vida. Foto: Jorge Santos


Sin haber llegado a ningún cargo político, Dubán Vélez, candidato al Concejo por el Polo Democrático Alternativo, ya tiene el esquema de seguridad de un electo.
Dos Policías, unas escalas, dos rejas y una puerta de seguridad con cámara a bordo son los obstáculos que hay que cruzar para llegar a una de sus tres oficinas.

A pesar de eso, Dubán recibe a la gente donde es más vulnerable, en la única oficina donde la seguridad no hace presencia.

Allí no hay puertas, no hay cámaras de seguridad ni rejas para bloquear el paso. Sólo una mesa donde él se sienta y conversa con un equipo de trabajo que disminuyó desde el atentado del 18 de agosto.

Ese día, al salir del lugar, Dubán sintió los disparos y corrió hacia el parqueadero para protegerse de una balacera que dejó huellas en  su sede de campaña, en un edificio vecino y en la pierna de Diego Ríos, el escolta que lo protegía.

Pero para Dubán el miedo y el resguardo se volvieron cotidianos 10 años atrás, cuando debió adoptar un esquema de seguridad debido a su actividad como líder sindical.
Es por eso que hoy no tiene certeza de cuál fue el motivo del atentado, pues antes de postularse como candidato, ya había recibido amenazas  y había sido reseñado en panfletos de grupos ilegales.

 “Yo no sé si esto tenga que ver con el tema electoral”, afirma. Y recuerda que ese jueves del ataque  ni siquiera estaba la valla de su candidatura que hoy se encuentra en el edificio.


Sin embargo, es consciente de los efectos que esto tiene en su carrera al Concejo.
Tanto miembros de su familia, como colaboradores de su proyecto político le han propuesto retirarse.

Algunos le han manifestado miedo de ir a los barrios, repartir sus volantes o portar camisetas de la campaña. “He sentido más temor de la gente cuando yo estoy con ellos”, dice.

Es por eso que Dubán siente que en estas elecciones tendrá más dificultades que hace cuatro años, cuando aspiró al mismo cargo y no fue elegido.

Y aunque se muestra positivo frente a los resultados de estos comicios, cree que una nueva derrota lo llevará a evaluar la posibilidad de retirarse de su carrera electoral. 

Posiblemente, esto no reduzca las intimidaciones, ni lo saque de esa “jaula de oro”  en que vive desde que es líder sindical.
Impacto de bala del atentado
Pero  el sindicalismo es algo a lo que Dubán no piensa renunciar por culpa de miedos y amenazas. Porque, como afirma tajantemente, eso “es parte de mi vida”.